En el conjunto de mi obra se siente la impronta del arte latinoamericano: en los rostros (porque la figura humana tiene una especial relevancia en mi trabajo), se perciben rastros de una gran influencia del arte afrocubano, como también de las culturas autóctonas precolombinas.

 

Pero también, junto a esos hilos del origen con los que me siento muy identificada, influye también en mi imaginario la trama del Art Nouveau y del arte oriental.

 

Al vivir tantos años en Japón, es donde desarrollé, ese amplísimo registro, integrando –además- nuevas formas y contenidos de su tradición y de Oriente en general. También las nuevas corrientes, como el arte pop y el manga japonés.


Mi arte siguió el camino de una fusión natural, fresca, y espontánea.

Yo reinterpreto, recreo, reinvento.

 

He pasado por varias etapas, que en realidad siguen estando y cada  tanto vuelvo a una u otra. En estas etapas se pueden observar diferentes estilos o tratamientos resultado del momento que este viviendo.

 

Lo que  la  mayoría tienen en común, es el amplio colorido, salvo excepciones, reflejo también de ese  momento al que me refería.

 

Los textiles tienen mucha presencia, ya sea como adorno o como base misma de la obra.